
Leí "En Busca del Tiempo Perdido" en la clásica edición de siete tomitos de Alianza traducida por Consuelo Berges y Pedro Salinas. Lo mejor para mí: el mini catálogo de las miserias y desgracias del amor intitulado: “Un Amor de Swann” y el segundo tomo, “A la Sombra de las Muchachas en Flor” (empezando por el título). No niego que me tiente releerla ya sea en las ediciones de Lumen o de Valdemar.
Para los que se quedaron con “A la Busca del…” como Mesalina con un pelotón de guardias pretorianos, (lassata, sed non satiata), les recomiendo encarecidamente, “Las Memorias de Ultratumba” del Vizconde de Chateaubriand, una de las más maravillosas creaciones salidas de la pluma de un ser humano, a esperas de que los delfines comiencen a escribir (además de otras dos mil quinientas páginas de nada). Seguro que no os defraudará. En estos tiempos de mesas de librería plagadas de Lucías Echevarrías, codigosdavinchis, estefenquines, popizbrites y demás basura excretada por voraces editoriales, la mejor guía para encontrar libros decentes son…los propios libros. Así recientemente me ha pasado que los mejores libros que he leído me han venido sugeridos, acaso tangencialmente, por otros libros de temática muy distinta:
“El Libro de las Ilusiones” de Auster me llevó a “Las Memorias de Ultratumba”: recordad, para los que hayáis leído la obra de Auster, que es la obra que el protagonista acepta traducir para salir de su pozo negro y que lo deslumbrará para siempre.
La trilogía de “La Historia Secreta del Mundo” de John Crowley me llevó insospechadamente a revisitar “Las Soledades” de mi compatriota Góngora (impuesta su lectura como refinada y culterana tortura en la adolescencia, ahora mejor entendida y disfrutada) o a descubrir rarezas como la “Hypnerotomachia Poliphili” que pese a lo que pueda parecer no es un libro maldito perpetrado en la helada Meseta de Leng, sino una extraña obra del renacimiento, repleta de simbología, imágenes de doble sentido y misterio, que por cierto ha editado y traducido nuestra dama del fantástico Pilar Pedraza para la editorial El Acantilado.
La última novela traducida al español de Andrew Crumey (por cierto, de forma abominable), “Mobius Dick” me llevó a una obra de mi amado E.T.A. Hoffmann que quizás por su, en apariencia, absurdo y desmesurado título (“Puntos de vista y consideraciones del gato Murr sobre la vida en sus diversos aspectos y biografia fragmentaria del maestro de capilla Johannes Kreisler en hojas de borrador casualmente incluidas” A.K.A. “Opiniones del Gato Murr”, en Pre-Textos o en Cátedra) siempre había obviado. Pues bien, estoy ahora mismo enfrascado en su lectura y me está deslumbrando por su originalidad, por su rareza y porque a fin de cuentas, es Hoffmann y no faltan la locura, los autómatas, la rijosidad, las alucinaciones, y porque ni el 1% de las obras publicadas hoy en día le llegan a la suela del zapato…Seguro que lo explican mejor en este fabuloso blog: http://memoriasdeunfriki.blogspot.com/2006/11/opiniones-del-gato-murr-de-e-t.html
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