
La película de Nanni Moretti, “Caro Diario” es una de esas películas de capítulos que tanto gusta hacer a los italianos, algunos de argumento difuso pero siempre hipnóticos y en uno de los cuales aparece Moretti paseando en Vespa por las calles de Roma durante infinitos minutos con el piano de Keith Jarrett de fondo.
Bien, a lo que iba, en otro de los capítulos Moretti, que hace un poco de sí mismo, visita a un amigo que vive en una isla maravillosa del Adriático, creo. Lo bueno es que este amigo se ha retirado del mundo y lleva siete años en la isla dedicándo todos sus días a la lectura y estudio del “Ulises” de Joyce. Y con esto le basta y tiene suficiente lectura. Un poco lo que decía Borges, que en cada libro están todos lo libros (que también se puede ver como una “boutade” típica de Borges o incluso ser apócrifa como la mitad de los dichos atribuidos a Borges). Y no tiene que ser el Ulises claro, depende de cada uno (yo, de esta obra, aguanté hasta que llegué a un capítulo donde creí entender que se disertaba sobre el teatro de Shakespeare o algo así, después arrojé el libro por la ventana y aún hoy espero no haber herido a nadie).
En teoría lo que debiera definir a un clásico, creo, es la admisión de múltiples lecturas, lecturas que puedan cambiar con el paso de los siglos y que se pueden adaptar a las condiciones de cada momento y de cada persona. En definitiva que un clásico no responda a modas ni a coyunturas temporales y personales a diferencia de mucho de lo que se publica ahora y, ojo, como mucho de lo que se ha publicado de siempre.
En la práctica lo que es un clásico para una persona para otra es un truño y viceversa. En general creo que hay que tomar los cánones literarios, tipo los de Harold Bloom, indefectiblemente sesgados hacia lo anglosajón o el recientemente publicado, “Los Nosecuantos Mil Libros Que Hay Que Leer Antes De Morir”, título intrínsecamente estúpido, sólo como una guía adaptable, modificable o rechazable, según los gustos.
Estas disertaciones me han llevado a evocar la vida de los monjes ermitaños del siglo V, retirados en la Tebaida, dedicados a la lectura de un único Libro y fustigándose para olvidar los espejismos que convertían las tormentas de arena en visiones voluptuosas de macizas insinuantes. También nosotros estamos rodeados de espejismos que distorsionan la búsqueda de lo genuino. Me retiro a fustigarme un poco…
2 comentarios:
Querido Preste,
No entiendo nada....verás....:¿Me estás recomendando la peli o no?
Te vas por los cerros de Úbeda….¿Te gustó la película o no?
Personalmente, para mi, lo único que se salva de la susodicha es la música…podría estar escuchándola todo el tiempo…que por cierto ahora mismo está sonando en mi “tocata”. El resto es una absoluta paranoia…que digo: No se salva, según yo, porque me da sueño y me aburre.
Att: Baltasar
Reconozco que no es una película para todos los gustos. El comentario iba más por el capítulo del amigo que se había retirado a estudiar una sola obra (el Ulises de Joyce) en este caso. Solamente es una reflexión sobre si un solo libro nos puede servir para entender el mundo. Que es irse por los Cerros de Úbeda. A lo mejor...
Y sí, la música es fabulosa...
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